La mayor de las aventuras, comienza con dos líneas rosas.

Aventuras

La mayor de las aventuras comienza con dos líneas rosas. Bueno, o no. Quizás directamente con la palabra “embarazada“, que ya estamos en tiempos donde la tecnología ha llegado también a los test de embarazo. No creo que falte mucho tiempo para saber el sexo del bebé el mismo día en el que os enteramos también que una pequeña personita crece en nuestras entrañas.

Lo que os decía, que con esas dos líneas rosas, empieza también el torrente de sentimientos, miedos e ilusión. Arranca también la lista de nombres, de compras, de ropitas, de pintura y decoración, de sillas de paseo, mochilas portabebés y bañeritas. Pero nada de lo que los papás y las mamás hacemos durante la espera, se asemeja ni remotamente a la aventura real que es ser padres. Esa, la de verdad, es otro cuento.

¡La mayor de las aventuras!

Y no amigos, nadie nos prepara para ser padres. Tampoco para el primer día de instituto, el primer beso o el primer diente que se lleva el Ratoncito Pérez. Son cosas que hay que vivir para entenderlas. Poor mucho que te prepares, los sentimientos que te abordan cuando llega el momento, no son ni parecidos a lo que hemos urdido en nuestra cabeza. Y eso es lo bonito, al final, vivir sensaciones nuevas que te erizan cada pelo, te inundan, te instalan una sonrisa que dura días y crean recuerdos que nos acompañarán toda la vida.

Y no, no quiero decir con esto que la paternidad y maternidad sea un camino de rosas donde uno sólo tiene que relajarse y disfrutar. Ser madre y padre es difícil. Difícil de narices.

Los niños son tan bonitos como agotadores, tan simpáticos como activos y tan divertidos como estresantes. Bueno, corre una leyenda urbana de que siempre hay una vecina, amigo o conocida que tiene un hijo que duerme bien y come aún mejor, pasa largas horas haciendo puzzles o coloreando… Pero para el resto de los mortales, los que tenemos niños que no paran, o no duermen, o no comen ¡O todo a la vez! la maternidad es una ardua tarea.

Merece la pena, eso sí que es verdad. O al menos en mi caso he encontrado a dos compañeros que sienten una permanente curiosidad por el mundo. Dos compañeros con los que volver a apreciar las cosas realmente buenas de la vida, con los que volver a ilusionarnos con el día de reyes o unas velas sobre una tarta.

Y sí, hay días en los que te encantaría que unos extraterrestres te raptaran por unas horas y te estudiaran a fondo mientras tu duermes en su camilla de la nave y recuperas unas horas de sueño. ¡Que nunca vienen mal! Pero oiga, que luego me devuelvan a mi casa, al lado de estos mis pequeños “locos bajitos” que ya no se hace una a tener demasiado tiempo libre.

La mayor de las aventuras. Y la mejor.

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