El duelo, ese gigante.

sculpture-1105678_960_720

El duelo, un gigante que llega cuando alguien a quien quieres se marcha. Un gigante que te agarra de la mano o incluso se sube a tu chepa y te clava sus uñas, te adormece y te lleva a su dimensión Tristeza, ahí nacen y ahí se crían, esperando para acompañarte cuando llega el momento.

Es feroz, intenso.

No pertenece a éste mundo y por eso es tan complicado explicarlo. Llega para rellenar un hueco, el hueco que deja la persona que se marcha y te acompañará para siempre.

Al principio, cuando recién aparece, es inmenso, descomunal y es prácticamente imposible delimitar su tamaño.

Está ahí cuando te levantas, cuando te acuesta, te despierta de madrugada, te agarra ferozmente y te sacude. Por su grandísimo tamaño, te hace sentir inmensamente pequeño e incluso,en ocasiones te hace creer que nunca más volverás a crecer.

A veces se adormece, y a veces, es despiadado durante segundos, minutos y horas. Te hace ahogarte, te quita el aire.

Constantemente se sube a ti de tal manera que su peso te impide ver la vida, su peso nos hace caminar gachos y hace que el día a día que parecía tan anodino se convierta en una altísima montaña con una escalada sin arneses ni cuerda que te sujete.

Con el tiempo, el gigante a veces mengua y vuelve a crecer. Parece que se ha marchado y de repente te clava las uñas de nuevo, pero despacio, va disminuyendo su tamaño.

Nunca se marcha. Reduce su tamaño hasta que alcanza el tuyo al principio y después mucho más pequeño. Pero nunca se marcha.

Caminará contigo durante toda tu vida. A tu sombra, a tu espalda, de tu mano o en tu cabeza. Agazapado a veces, como un pequeño punto casi inexistente, otras volverá a ser, por pequeños trozos de tiempo, el gigante que fue cuando llegó.

Hay tantos gigantes como personas que queremos se han marchado.

Algunos se mantienen inmensos durante mucho, mucho tiempo. De hecho, quizás nunca lleguen a volverse realmente pequeños aunque jueguen en la sombra y te visiten cuando hueles un perfume de sobra conocido o recorres un lugar que un día caminaste a su lado.

Otros se volverán tan pequeños como una mota de polvo y creerás que se ha marchado para siempre, pero de repente, un día, saltará sobre ti cuando encuentres una foto en un cajón.

Y no, no siempre te arrastrarán a su dimensión Tristeza. Es justo que a veces te hagan sonreír o incluso te sorprendas a ti mismo con una carcajada cuando en tu memoria aflore un recuerdo o una anécdota.

Sobre todas las cosas, es básico no equivocarse con él. Porque nos equivocamos del todo cuando pensamos que el gigante duelo es perverso y maligno.

Tiene una fama nefasta pero su trabajo es absolutamente necesario.

Llegó cuando un trozo de nosotros se fue. Está ahí para hacernos recordar que esa persona existió, que nos hizo felices, que nos acompañó en nuestro camino y que aunque nunca volverá, nuestro recuerdo lo mantendrá vivo.

Es nuestra conexión más directa y pura con nuestros seres queridos.

Por eso yo nunca quiero que lo haga.

Tengo un nuevo gigante en mi vida, uno descomunal que acaba de llegar. Enfrento mi arduo camino a su lado y sé que va a ser extremadamente difícil. A veces me enfado con él. Le niego. Quiero que se marche y vuelva en su lugar la persona que él ocupa. Pero no lo hace y sé que no lo hará y esa es mi conexión más directa con mi abuela, una segunda madre cuyo recuerdo nunca se irá.

(Visited 43 times, 1 visits today)

1 Comment

  1. Raquel Oct 19, 2016 at 8:45 am

    Lo siento muchísimo cariñín. Te abrazo fuerte <3

    Reply

Leave A Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.